Fuimos voluntarias en el pueblo feliz, Sri Lanka (Diciembre 2019)

Muchas ideas en la cabeza, llevábamos meses planeando un viaje a Sri Lanka para realizar un voluntariado. Y contactar con Guia Lanka Tours fue todo un acierto. Nos facilitaron la que fue la mejor experiencia que jamás podíamos imaginarnos: un intercambio cultural quesuperó con creces cualquier expectativa.

Nos hospedamos en casa de una familia que nos abrió las puertas de su casa desde el minuto uno. A día de hoy podemos considerar que forman parte de NUESTRA familia. Durante casi una semana pudimos explorar y descubrir todos los secretos de Sri Lanka, todo aquello que en las grandes ciudades no se puede apreciar.

Pasamos unos días con unos niños de diferentes edades, todos del mismo pueblo y lo pasamos en grande. Nos comunicábamos en inglés y jugábamos por las tardes en un patio de la escuela. Lo mejor fue el intercambio cultural: les enseñamos juegos típicos de españa como el comecocos y ellos nos enseñaron ríos y caminos increíbles de su pueblo. Nos hicieron sentir partícipes de todo. Es una experiencia recomendable cien por cien si realmente quieren conocer más sobre una isla que resultó ser un paraíso en todos los sentidos: tanto por la naturaleza exuberante como también una lección de humanidad.

 

  • (Post Data – 03rd  April, 2020. )
 
Hoy he comido lentejas. En realidad no es nada raro ni nuevo. Me gustan las lentejas. Sin embargo, esta vez ha sido diferente porque me las he preparado con curry, como si fuera un Dhal. Un Dhal es un plato típico de la Índia. Aunque yo no he estado en la Índia. Yo estuve hace unos meses en Sri Lanka. Sé que no tienen nada que ver excepto el hecho de haber sido una antigua colonia británica. De hecho, no creo que a los cingaleses les guste mucho que los comparen con sus vecinos. Pero hoy he comido lentejas y me he acordado de los platos de Sri Lanka. Concretamente de los de Bianca. 
 
Cada día, Bianca nos preparaba curry de lentejas. Prácticamente desayunábamos, comíamos y cenábamos lentejas… me gustaban. Me gustaban porque las hacía con todo el amor y la ilusión del mundo. Éramos sus huéspedes por una semana. Nos quedábamos con los niños jugando horas y horas en el patio del recreo y por las tardes recorríamos el pueblo en Tuk-Tuk. Era increíble. La humildad, el trato, pero también la comida, los olores y los paisajes. Los colores y las sonrisas de la gente, a pesar de que apenas nos entendíamos.
 
Estando en su casa, fue el cumpleaños de Bianca y fuimos al pueblo a comprarle un pastel. Su cara de sorpresa fue impagable. Bianca nos repartía el pastel de cumpleaños con las mismas manos y todos comíamos del mismo trozo, algo que a mi me pareció maravilloso. Me sentí parte de la familia.
 
Me apetecía enseñarles los platos típicos de aquí (la tortilla de patata o una paella). No porque los echara de menos, sino porque sus lentejas me invitaban a compartirlo todo con ellos. A compartir nuestra cultura. Hacer un voluntariado es lo mejor que me ha pasado nunca. Ha sido la mejor experiencia de mi vida. Es una sensación inefable, incomparable a cualquier otra.
 
No siempre que me sirvo lentejas pienso en ellos, pero cuando lo hago, se me eriza el vello. Ojalá algún día todos los platos que me haga en casa me recuerden a alguna familia de algún sitio del mundo. Ojalá haya más voluntarios que se emocionen.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *